miércoles, 14 de marzo de 2012

Orreaga, símbolo de libertad


Si el 15 de agosto del año 778 es el día de la Batalla de Orreaga-Roncesvalles, el 11 de marzo de 1522 es el día de la destrucción del monasterio que allí se alzó. Entre uno y otro hecho de guerra hay 744 años de libertad para los vascones organizados políticamente en el Estado de Navarra. La primera batalla es una victoria del pueblo vascón contra el imperialismo franco, la segunda es la destrucción de un símbolo de libertad para el mundo por el imperialismo entonces naciente: el español.

El rey de Navarra Juan III de Albret o Labrit prometió volver tras tener que refugiarse en su Estado de Beárn ante la invasión española del reino navarro, y cumplió su promesa el 12 de octubre de aquel año 1512 cuando regresó con sus tropas recompuestas, tomó Baja Navarra, liberó Orreaga-Roncesvalles y el castillo de Amaiur, pero no los pudo retener.

En un nuevo intento, Juan III mandó a su ejército la toma de Garazi-San Juan de Pie de Puerto en marzo de 1516, otra parte de las tropas navarras con el vizconde de Baigorri a la cabeza trató de tomar Orreaga-Roncesvalles y el mariscal Pedro II de Navarra con 1.200 nacionales penetró por el Roncal para ir reclutando soldados entre el pueblo que se le unió de forma entusiasta. La idea era converger en Pamplona. La toma de Garazi se retrasó, pero la peor parte se la llevó el mariscal Pedro de Navarra que fue derrotado en Isaba por el coronel castellano Villalba sabedor de su ruta. La recuperación del reino no prosperó y la Colegiata de Orreaga-Roncesvalles fue saqueada e incendiada por las tropas imperiales españolas en ese año 1516. Ese mismo año murió Juan III de Albret.

El último gran intento de liberar el reino comenzó
en mayo de 1521 por Enrique "el sangüesino", hijo de Juan. Enrique puso su tropa de 12.000 infantes en manos de su pariente el mariscal Andrés de Foix, señor de Asparros. En septiembre de 1521, el general francés Sr. de Bonnivet con un ejército compuesto por franceses, gascones, navarros, así como con 6.000 lansqueletes alemanes, volvió a la carga y liberó Baja Navarra, Amaiur y el Peñón (cerca de Orreaga). Asparros tomó casi sin resistencia Pamplona tras alzarse el pueblo contra el invasor castellano, arrastrando el escudo de los austrias por el fango.

En marzo de 1522 fue tomada de nuevo por el ejército Imperial español la Colegiata de Roncesvalles, del que era prior Francisco, hijo natural del mariscal Pedro II de Navarra. Como explica el historiador Joseba Asiron, fue el 10 de marzo de 1522 cuando una compañía de soldados españoles junto con beaumonteses llegó con intención de atrincherarse entre los muros de la Colegiata, puesto que venían seguidos de cerca por el capitán Jaime Bélaz de Medrano, uno de los futuros héroes de Amaiur. Aunque pusieron cerco al monasterio, no pudieron apresar a sus ocupantes, puesto que llegaron refuerzos españoles. Tras el abandono de Roncesvalles por sus asaltantes, los monjes del monasterio comprobaron con tristeza que habían destruido la techumbre del claustro y el dormitorio monástico, acrecentando la ruina de la antiquísima y simbólica abadía navarra.

En 1527 el rey de Navarra Enrique II "el Sangüesino" mandó a parte de sus hombres liberar de nuevo Baja Navarra, los nobles locales se alzaron y se le unieron, eran los Lüküze, Lakarra, Senpere etc., que le juraron obediencia. Las huestes españolas no tardaron en llegar por Orreaga-Roncesvalles y las plazas se rindieron a su paso, pero la hostilidad de los habitantes y el miedo a las tropas de Enrique, hizo que los invasores españoles volvieran grupas y marcharan por donde vinieron; en 1530 los soldados navarros liberaron definitivamente Baja Navarra.

Gracias a la resistencia de aquellos navarros, hoy podemos decir a los españoles y franceses lo que el mariscal Pedro de Navarra dijo al emperador Carlos de Gante cuando se negó a jurarle lealtad "Por no haber nacido en España ni ser de la casa real castellana", y porque como caballero navarro "estaba obligado a guardar juramento a su rey".

martes, 24 de enero de 2012

El príncipe de Viana

Muerto a los 64 años el rey de Nabarra D. Carlos III El Noble el 8 de septiembre de 1425 en Olite y tras ser celebradas las exequias, depositados sus restos en un sepulcro de alabastro, la vida continuaba en la Iruña. Su hija, la  reina Doña Blanca I de Nabarra (1425-1441) quiere vivir en la ciudad. Solicita y obtiene del papa Martín la cesión del palacio de San Pedro de la Corona (1427). Por fin, y después de mucho tiempo, los reyes tienen morada propia y recinto donde plegar Cortes Generales, como las reunidas el 9 de agosto de este mismo año “en el Palacio Real que es en la ciudat et Navarreria de Pomplona”. Son años difíciles, de falta de alimentos. La reina arbrita recursos para paliar las necesidades de la población, “por causa de la Grant mortandat que ha continuado et continua de present” (septiembre de 1492).

Se perfilan dos bandos rivales, Agramont y Beaumont. En Iruña la iglesia y la justicia son adictos D. Juan II. El capitán de la ciudad y defensor de los derechos del heredero, es D. Charles de Beaumont, primer conde de Lerin desde 1424.El 3 de abril de 1441 en Santa María la Real de Nieva (Segovia), muere la reina Doña Blanca I de Nabarra. La corona recaía en su primogénito el Principe D. Carlos Evreux y Trastámara, por fuero, por voluntad de su abuelo, el rey Noble y por haberlo jurado por tal las Cortes.

La educación del heredero del Reino de Nabarra el Príncipe de Biana D. Carlos d’Evreux y Trastámara fue muy esmerada como correspondía a un futuro rey, de ello se ocuparon en Olite, su abuelo D. Carlos III el Noble, y su madre Doña Blanca I de Nabarra. El ambiente tranquilo en el que se educo entre ejercicios físicos como el remo, caza, y viajes a caballo, hicieron de el un joven tranquilo y amante de la paz. Fue un gran amante de los animales, y llego a hablar correctamente cinco lenguas. Tradujo la Ética de Aristóteles al castellano publicada en Tarazona en 1509, y escribió una Crónica de los reyes de Navarra, el Tratado de los milagros del famoso Santuario de San Miguel de Aralar in Excelsis y una Epístola literaria entre otras.  Fue especialmente aficionado a la música que componía el mismo tocando entre otros instrumentos, la vihuela y el arpa, aprendiendo también a danzar. Era frugal en sus comidas, le gustaba vestir bien, montaba muy bien a caballo, y tenia dos lebreles favoritos.

Físicamente y según los estudios antropológico-forense-histórico, habría que señalar que tenia el pelo de color castaño claro, los ojos grises, la nariz larga y derecha, la cara pálida y delgada, la talla un poco mas alta que la media, la mirada grave, y algo de melancolía en su expresión general. Era cariñoso y creyente, de carácter bondadoso y dulce, amable con todo el mundo, estudioso, simpático, le gustaban las joyas, llevaba un collar de oro con un grifon colgado de el, otro collar de oro con esmeraldas del que colgaba una cajita que contenía una piedra beozar, anillos y  broches de oro. Una de esas joyas, era una piedra en la que estaba representado un San Miguel, y una colección de talismanes para impedir envenenamientos, mandrágoras, lenguas de serpiente y otras numerosas piedras-amuletos. Le gustaba coleccionar toda clase de curiosidades, cajas de nácar, ámbar, zafiros, rubíes, y un baúl lleno de recuerdos. Era también muy amante de la pintura, y a el mismo le gustaba pintar. En definitiva vivía  sumergido en mundo de misticismos y placeres, al ser un mecenas de la cultura y las artes. Cuidaba de el un medico árabe, el maestro Muza Al-Kou Hrobi a quien pagaba 100 luises de pensión.


A la muerte de D. Carlos III en noble, D. Juan II padre del Príncipe de Biana, se desplaza hasta Tudela, donde, violando la resolución de las Cortes de Nabarra, se autoproclama Rey de Nabarra. Dicha resolución creada el 20 de enero de 1423 por D.Carlos III decía, que el Principado de Viana, seria para el heredero D. Carlos. En 1429 D. Juan II se desplaza hasta Pamplona, donde se hace coronar como Rey de Nabarra. El Rey D. Juan II, necesitaba la corona y sus rentas. El poder y el dinero hacen que siga inmiscuyéndose en asuntos con Castilla. Usurpo derechos, y pisoteo fueros, respaldado por los agramonteses capitaneados por los peralta. De nada valen las protestas del heredero el Principe D. Carlos ante las Cortes. Fiel al ruego de su madre Doña Blanca de Nabarra, se intitula gobernador y lugarteniente general del reino.

En 1430 la mediación de D. Alfonso V llamado también D. Alfonso I el Magnánimo, consigue la paz entre aragoneses y castellanos mediante las Treguas de Majano. Doña Blanca de Nabarra, en ausencia de su marido, gobierna su reino protegiendo las fronteras. El 17 de febrero de 1439 Doña Blanca redacta su testamento. En el se reconoce como Reina de Nabarra y deja dispuesto que, a su muerte, el trono recaerá en su hijo D. Carlos, pero con una cláusula que indica que su hijo no puede usar titulo de rey sin el permiso de su padre.

El príncipe D. Carlos, se casa con la princesa Doña Inés de Cleves el 30 de septiembre de 1439 en el castillo de Olite. Doña Inés era hija del Duque de Cleves y sobrina D. Felipe el Bueno de Borgoña. A los nueve años de casados el 6 de abril de 1448, Doña Inés tras una penosa enfermedad, muere sin haberle dado un heredero a Don Carlos. El príncipe de Viana tuvo varias amantes. A los treinta años se enamoro de Doña María de Armendáriz, doncella de su hermana Doña Leonor con la que se comprometió casarse si le daba un hijo varón. Pero le dio una hija, Doña Ana de Nabarra, que se casaría con D. Luis de la Cerda, Conde de Merinaceli.

En 1441 la Reina Doña Blanca de Nabarra muere en el Monasterio de Santa María Nieva al regresar de una peregrinación al Monasterio de Guadalupe. Con el permiso paterno, y como era deseo de su madre, D. Carlos de Viana pasa a reinar en Nabarra.
D. Juan II  se casa con Doña Juana Enriquez, una mujer de fuerte carácter decidida y soberbia que no cae bien a muchos nabarros y a un sector importante de la nobleza, quienes comienzan a cerrar filas en torno al Príncipe de Biana. Por otra parte D. Juan II padre del Príncipe, sigue continuamente ausente del reino, y cuando hace acto de presencia es para despojar a D. Carlos de su lugartenencia del reino y actuar como en autentico Rey de Nabarra.

En el escudo de armas del Príncipe de Biana, hay dos sabuesos o lebreles  royendo un hueso simbolizando los canes los Reinos de Francia y Castilla, y el hueso Nabarra. Una leyenda encima de los perros: “Untrinque roditur”, por todas partes roen. El reino se encuentra dividido en dos bandos, los Beaumonteses partidarios del Príncipe de Viana D. Carlos, y los Agramonteses favorables a su padre D. Juan II. El 10 de mayo de 1452 mientras el Príncipe D. Carlos se halla recluido, Doña Juana Enriquez da a luz en la localidad de Sos, a su primogénito habido con D.Juan II, a el futuro D.Fernando El Católico. A partir de ese momento Doña Juana no va a dejar de conspirar y poner todo de sus parte, para que el infante D. Fernando llegue a lo más alto en los Reinos de Aragon y Nabarra, en decaimiento del Principe de Biana Don  Carlos.



En 1455 D. Juan II deshereda a su hijo D. Carlos y nombra como heredero al Reino a Gastón de Foix, que era el marido de su hija Doña Leonor y vasallo del Rey de Francia, a cambio de su ayuda militar. El Príncipe D. Carlos vuelve a ser derrotado el Estella. Abatido, inicia un largo recorrido por Europa en busca de apoyos para su causa.

Cuando estuvo en Nápoles fue recibido por su tío D. Alfonso V El Magnánimo, quien se interesa por su situación y hace suya su causa. El principe D. Carlos se enamoro de Doña Brianda Vaca, hermosa mujer de calidad, que le acompañaría hasta su muerte en Barcelona. Tuvo con ella un hijo, Don Felipe de Navarra y fue Conde de Beaufort. Estuvo a punto de casarse con Doña Brianda, y sus amigos antes de su muerte le instaban a que lo hiciese in articulo mortis, para dejar a D. Felipe como heredero. Pero el Príncipe D. Carlos comprendió que la herencia que le iba a dejar era muy pesada para aquel niño y solo serviría para continuar las luchas fraticidas y por ello prefirió dejar a su hermana Doña Blanca como legitima sucesora tal y como habían dispuesto su abuelo D. Carlos III y su madre. Además Doña Brianda le había creado algunos problemas que le obligaron incluso a separarla de su lado.

En Sicilia se enamoro de una doncella de baja extracción a quien se le conoce con el nombre de Capa con la que tuvo otro hijo, D. Juan Alfonso de Navarra y Aragón, que luego fue abad de San Juan de la Peña y obispo de Huesca. El príncipe D. Carlos no descuida su interés por el arte y las letras, y traduce libros, compone versos y se relaciona con poetas y literatos, especialmente con Ausias March, del que llega a ser gran amigo. Durante la estancia en tierras sicilianas, se ve afectado por una extraña enfermedad que le hace fatigarse e incluso le impide montar a caballo, teniendo se trasladado en litera

Las cortes de Pamplona ( Beaumontesas ) en marzo de 1457, le nombran como Rey de Nabarra. El 26 de junio su tío D. Alfonso V, redacta su testamento donde nombra a D. Carlos como Príncipe de Gerona, es decir heredero de los Reinos de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña, Sicilia, y el Principado de Cataluña, eso si todo esto será heredado tras la muerte de sus padre D. Juan II. Un año después en 1458 muere su tío D. Alfonso V El Magnánimo. Inmediatamente su padre D. Juan II, es coronado como Rey de Aragón, mientras al Príncipe de Biana se le ofrecen las Coronas de Nápoles y Silicia, pero D. Carlos se encuentra sumido en una gran depresión por la muerte de su tío.   

Tras departir sobre temas políticos y matrimoniales con D. Juan II, el príncipe D. Carlos se embarca el 28 de agosto de 1459 hacia Mallorca alojándose en el Palacio de la Almudaina y celebrándose grandes fastos en su honor. Allí tuvo un amor, Margarita Colom de la que no solía hablar y dejo”prenyada”. Según cuenta el historiador mallorquín Gabriel Vard Martorell, fruto de ese amor fue Cristóbal Colom. El hijo de Doña Margarita pudo nacer en la primavera de 1460. Dice el historiador que dado que el príncipe no se preocupaba de mantener en secreto sus otros amores, no se comprende su empeño inocultar la identidad de este nuevo hijo natural que le atribuye el historiador mallorquín. Esto nos crearía un problema mayor en la historia al pensar que si las cosas hubieran sucedido así, Cristóbal Colom seria hermanastro del Rey Fernando El Católico. Este dilema  podría ser resuelto con un cotejo de ADN entre D. Carlos Príncipe de Biana y D. Cristóbal Colom.


Tras las Cortes de Estella (agramontesas), es proclamada heredera al trono por su padre su hermana Doña Leonor, quien hace prevalecer sus derechos sobre los de su hermano D. Carlos. En 1460 con la excusa de su estado de salud, (dice que el clima no le sienta bien) D. Carlos abandona la isla de Mallorca, y sin el permiso de su padre, el cual lo tenia confinado en la isla, se dirige a Barcelona. Allí se celebra la Concordia de Barcelona, al objeto de llegar a la paz entre beaumonteses y agramonteses. A finales de septiembre inicia una peregrinación al Monasterio de Monserrat

D. Carlos entra en negociaciones con D. Enrique IV de Castilla, para un futuro matrimonio con su hermanastra, la infanta Doña Isabel. La reacción de su padre D. Juan II, al enterarse, es extremadamente violenta, de tal manera que el 2 de diciembre lo detiene en Lleida,  y durante tres meses, recorre prisiones como Aytona, Fraga, Zaragoza, Miravet y finalmente Morella. Mientras, se producen altercados y revueltas en Cataluña y Nabarra a favor de su liberación. En Morella y tras la fatiga del viaje, pide que le traigan un medico por “sufrir un fuerte dolor en las entrañas”.

“Cuantos le rodeaban veían que Don Carlos estaba muy enfermo y que pese a los cuidados que le prodigaban, la enfermedad que padecía seguía su curso inexorable”. Se ofrecieron votos, se hicieron rogativas públicas, pero todo ello fue inútil. Los historiadores mencionan que “hacia tiempo que la fiebre le consumía”. Tenia periodos de calma, pero de pronto se agudizaba y cada vez desmejoraba más.

La Diputación del General solicita la inmediata puesta en libertad del Príncipe de Viana, y su renovación como candidato a rey. Tropas castellanas penetran en Nabarra, originando una nueva revuelta de los beaumonteses. El Consell del Principado proclama al Príncipe Carlos heredero de Cataluña. Ante la gravedad de los hechos, Juan II decreta su libertad el 25 de febrero. El 12 de marzo Don Carlos es recibido de forma apoteósica en Barcelona,y mediante las Capitulaciones de Villafranca del Penedes, se le reconoce como heredero de la corona aragonesa, jurando su cargo como Lugarteniente de Cataluña.

La salud de D. Carlos Príncipe de Biana, empeora, y el 21 de septiembre la fiebre habitual en el, se hace critica. Sus allegados organizan una peregrinación al Monasterio de Monserrat y se ofician actos religiosos. El 23 de septiembre de 1621 el Príncipe de Biana D. Carlos, fallece en Barcelona. Sus exequias se convierten en duelo nacional, quince mil personas desfilan ante su féretro, cuyo funeral es presidido por Don Felipe, hijo natural del Príncipe D. Carlos.

Sus restos son trasladados a la Catedral de Barcelona. Según los historiadores de la época, se le corto el antebrazo derecho para conservarlo en un relicario de plata en el Monasterio de Valdedoncellas, donde desapareció años mas tarde. Se le practico la autopsia para comprender la causa de su muerte y embalsamarlo. Los médicos diagnosticaron que la muerte fue ocasionada por una pleuresia. Se hablo también que podría haber muerto envenenado con arsénico, pero el estudio del cadáver presentaba huellas de haber sufrido una pleuresia de origen tuberculoso. Respecto a la posibilidad de que se emplease un veneno vegetal como la Aconitinia, no parece posible por la sintomatología que se describe en las crónicas de la época.




Lo que si se ha podido comprobar es que la parte superior de la momia (cabeza, tórax, y extremidades superiores), pertenecen aun varón de unos 40-45 años como tenia el Príncipe de Biana Don Carlos, en el momento de su muerte, mientras que de la cintura para abajo, (tronco, pelvis, y extremidades inferiores), pertenecen a una mujer de 50-60 años, error que probablemente fue cometido cuando se pensó reponer cada una de las momias amontonadas y mezcladas en sus sarcófagos correspondientes después de la violación de las tumbas de los Reyes de la Corona de Aragón en el Monasterio del Poblet, cometidas por el populacho en busca de objetos de valor. Es perceptible por la morfología que los restos se tratan de personas diferentes. Puede verse con todo detalle con lo relativo al estudio de esta momia con numerosas fotografías en el informe presentado por el profesor José Manuel Reverte Coma, al museo de historia de Cataluña.

Nabar Gorri                       

Bibliografía:

Mariona Ibars i Puga: El pincep de Viana (1996)
Mario Siculo
Gabriel Verd Martorell
José Manuel Reverte Coma
Gorgas.gob
Galeon.com
Wikipedia



Ilustración 1Don Carlos d'Evreux y Trastamara

sábado, 21 de enero de 2012

Coronación de Catalina y Juan. Iruña, 13 de enero de 1494


POR ARANTZAZU AMEZAGA IRIBARREN, BIBLIOTECARIA Y ESCRITORA



EL conde de Lerín, tras algunas negociaciones, rebajó sus ínfulas, accediendo a la coronación de Catalina de Foix y Juan de Albret, en Pamplona, la vieja Iruña, la del alma vascona, capital del reino de Navarra, según lo establecido en la Tregua de Orthez de 1493. Diez años llevaba retrasado el acto de coronación, aprobado por las Cortes de Navarra a la muerte del hermano de Catalina, Francisco en 1483.
La caravana detenida en Egüés, desde la Navidad, avanzó lentamente por las trochas de barro, cumpliendo las exigencias del ariscado Lerín, que advirtiendo mucho agramontés en la guardia real, les obligó a la escolta de los embajadores de Castilla y Francia… un anuncio de lo que habría de ser el fin del reino, reducido por esas fuerzas estatales emergentes y enemigas.
Catalina y Juan entraron en la ciudad aclamados por una población entusiasmada por los festejos de la retardada coronación, pese a la crudeza de la guerra civil y del mes de enero, según leemos en las crónicas. El día de la coronación, los reyes vestidos con sus mejores galas se acercaron a la catedral, en un desfile espléndido en cuanto a la exhibición de armas, cabalgaduras, trajes, música y banderolas. Era domingo, día del Señor, un 13 de enero.
Debió haber en la noche jura de armas, pero tal cosa no restó energía a Juan y Catalina, embarazada, y en medio de nubes de incienso, entraron en la catedral de Pamplona, rindieron reverencia al sepulcro de su antepasado Carlos el Noble, y se enfrentaron a la pequeña escultura sedente de Santa María La Real, en el altar mayor, donde les esperaba el obispo de la ciudad y prior de Roncesvalles, Juan Eguia. Éste les preguntó, según fórmula protocolaria, si querían ser reyes. Contestaron tres veces que sí, y entonces el obispo comenzó el largo recuento de obligaciones que ello comportaba, entre las que estaba la de acrecentar el reino y no enajenarlo, obedecer los Fueros, usos y costumbres, vivir en el reino, entre los naturales de éstos, y criar a su heredero en el conocimiento de la lengua del pueblo.
Quedó claro que la reina propietaria era Catalina, que si se incumplía el juramento, Navarra tenía potestad de apartarlos de su gobierno. Juan de Jassu, alcalde primero de la Corte Mayor, por ausencia del canciller, recibe el juramento de las Cortes de guardar fidelidad a los reyes, seguido de los obispos de Baiona y Dax, no presentes los de Calahorra, Tarazona y Montearagón. Tampoco compareció el conde Lerín, Luis de Beuamont, jefe del brazo militar de las Cortes. En plena rabieta, no asistió a la coronación, patentando una vez más, su insubordinación.
A lo largo de la ceremonia, Catalina y Juan se cambiaron varias veces de atuendo, todos lujosos, y se coronaron a sí mismos. Portaban cada uno una corona, una esfera y un cetro de oro. La espada la cargó Juan. El último acto de la coronación, tradicional de la monarquía navarra, fue la alzada de los reyes sobre el pavés que ostentaba el escudo de Navarra, sostenido por 12 ricoshombres de las 123 villas del reino, y al grito de Real, Real, Real.
Cumplidos los protocolos, entre los que se incluía una ofrenda de tapices a la iglesia y un interminable Te Deum, los reyes cambiaron nuevamente sus ropajes, y montando Juan un soberbio caballo blanco y Catalina reposando en una litera, recorrieron entre entusiasmos populares las calles de Iruña, a la que su antepasado Carlos el Noble, apaciguó la refriega de sus burgos. Ésta fue la última vez que en Iruña se realizó un acto de coronación.
Unía Catalina en su persona el reino de Navarra, los ducados o condesados de Bearn, Foix, parte de Cominges, Marson, Tours, Gabardon, Andorra y Castebon, mientras Juan aportaba Las Landas, Condado de Gaure, País de Albret, varios del Perigord, Lomousin y Bordelesado. Extensos eran los territorios de la corona de Navarra y diversos en usos, leyes, costumbres y lenguaje.
Gente animosa correteaba por las callejas, en plan pasacalles, entonando el siguiente estribillo:Labrit eta errege / Aita seme didazet / Condestable Jauna / arbizate anaye. Advertían a los nuevos reyes que debían buscar alguna complicidad con el condestable, porque si no, eso sería su ruina. Como lo fue.
Pese al festival de la coronación, las facciones mantuvieron las espadas en alto. El pueblo llano se demarcaba por la facción agramontesa, que cuidó la reina Catalina. Juan concedió más audiencia a los beaumonteses, en un intento de ambos por armonizar los enfrentamientos. Pero fueron los beaumonteses los protagonistas de la violencia que asolaba las tierras del sur del reino, bajo las órdenes del bandolero Lerín, obediente, a su manera, a los mandatos de Fernando de Aragón. Procurando la guerra civil, desestabilizaron el reino, lo arruinaron y lo perdieron.

viernes, 13 de enero de 2012

IRUÑA-PAMPLONA CAPITAL DE VASCONIA Y CAPITAL REGIA DEL REINO

Nadie, creo yo, pone en duda la evidencia de que Pamplona fue, lo que los naturales vascongados llamaron Irunia, Irunea, Iruña. Considerada, ya que rigieron estas tierras lo reges pampilonensium, como “la ciudad principal de los Vascones” (en tiempos de Estrabon), llego a ser “cabeza del Reino de Navarra”. Iruña no fue Iriona “Urbs bona”, o “villa buena”, ni Irienea “ciuda mia”,ni Iruona “tres buenas”, como algunos como Garibay, Sandoval, Moret, y otros defendieron. Latinados y romanizados la llamaron antiguamente Pompaelo, Pampilona (en latin), Pampelune (en francés), Pampalona (en romance occitano), Pampalone (en gascón), Pomplona (en romance navarro), Pamplona-Iruña en la actualidad.

    Si por capital de un Estado entendemos “la primera ciudad en la que residen los poderes públicos”, en nuestro caso el rey, su consejo, corte, y organismos administrativos, tendremos que reconocer que Pamplona tardo siglos en ser capital política de Nabarra. La permanente ausencia de los reyes ha sido una constante histórica en la historia ciudadana. Los primeros reyes de la dinastía  Jimeno fueron inhumados en el castillo de San Esteban, tierras conquistadas a los Banu-Qasi.

    Sancho Garcés III “El Mayor”, (c. 990/92 – 18 de octubre de 1035) pasa su infancia en Leire, fija su residencia en Nájera y recibe sepultura en Oña (Burgos). Tampoco durante la unión dinástica con Aragón, ni al recobrar la independencia con el Restaurador, la reconquista les mantiene alejados de la ciudad ya que la corte sigue siendo itinerante. Sancho el Fuerte (1194-1234) pasa los últimos años de su vida y muere de una ulcera varicosa, en el castillo de Tudela, recibiendo el sobrenombre de “el encerrado”.   

    Teobaldo II de Champaña (1093-1152) manda levantar en Tiebas, a la vista de Pamplona, un palacio-castillo puesto que prefería la paz bucólica del campo. Al paréntesis de ausencia de los reyes en Paris, suceden los Evreux. Doña Juana II (1311-1349), esposa de Carlos II de Evreux, “El malo” (1332-1387), se instala en el palacio de Olite. El rey Don Juan II El Grande (1398-1479) vivió ausente de Iruña por serlo de Aragón y su corona; su hija Leonor de Foix nació en Olite (1426) fue coronada reina el 28 de enero de 1479 muriendo quince días mas tarde, en Tudela (1479) y enterrada en Tafalla.

Los reyes apenas podían poner aquí sus pies, lo intento Sancho el Fuerte y su palacio recién construido paso a manos del obispo. La corona, con casas en, Tudela, Sanguesa, Tiebas, Monreal, Olite, Tafalla, Puente la Reina, Los Arcos, Viana, y otras partes, no la tuvo Iruña. En el Palacio Episcopal de San Pedro de alojaban los Evreux al visitar la ciudad y en el murió Carlos El Malo, aunque su hijo el rey Noble lo llama “Palacio Real” la reina Blanca lo adquirió en 1427

    Carlos II de Evreux El Malo,(1332-1387) será el primero en dar a la ciudad el titulo de “cabeca et la mas principal del regno”, pero “porque en la dicta ciudat se funda la catedral iglesia de Sancta Maria, en la quoal los reyes de Navarra suelen et han acostumbrado coronar” (1366) y porque “la dicta iglesia de Pompolona es madre e principal en nuestro regno”, donde los reyes son coronados, ungidos y sepultados (1384). Abundan en las mismas razones los Albret al decir: “la ciudat nuestra de Pompolona es la mas dispuesta y mas ynsigne del nuestro regno, asi por estar en medio e por otras causas e razones, como por ser caueca de la diócesis, donde la yglesia catedral esta dedicada, et todos los reyes del dicho nuestro regno reciuren el santo sacramento de la unction e su real coronamiento” (1499)

    El traspaso de la jurisdicción pamplonesa a la corona no modifica el estatuto jurídico del señorío. Desde ahora, y durante los años (1319-1512), será ostentado por los monarcas. Las antiguas diferencias sociales, de raíz tribal, entre los vecinos del Burgo, la población de la Navarreria, se van delimitando, pero sin desaparecer, hasta que Carlos III logre la unificación. Iruña sigue sufriendo pestes, guerras y violencias cuando los agramonteses intentan ocupar la capital beaumontesa. Cuando Juan III de Albret y Doña Catalina I de Foix logran imponer su autoridad y establecer aquí su residencia, es demasiado tarde. Con su salida hacia la Baja Navarra en 1512, Pamplona emprende otra etapa. Pero eso, ya es otra historia…

Nabargorri

Bibliografia:
Jose Maria Jimeno Jurio: Historia de Pamplona y sus lenguas
Enlaces externos:
Wikipedia

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Francisco Jaso Un nabarro en las indias orientales


La familia jaso (Jassu en la grafía de la época, Jatsu en Euskara), propietaria del castillo de Xabier fue una de las familias mas notables de Nabarra. Emparentada por parte de madre con los Azpilicueta, el solar de los Jaso se encontraba en la merindad de ultrapuertos y poseía el caserío Etxeberri en la localidad del mismo nombre, que por cierto aun se conserva. Juan de Jasso, el padre del santo, nació en 1470 y logro el titulo de doctor en derecho en la universidad de Bolonia. Fue uno de los líderes agramonteses que se aferraban a la independencia del Reino de Nabarra y el monarca Juan III de Albret  le concedió impuestos y derechos sobre la villa de Idozin. Fue presidente del Real Consejo de los Reyes de Nabarra Juan III de Albret y Catalina I de Foix. Tras la ilegal invasión del Reino, por las tropas Castellanas al mando el Duque de Alba, y por orden de Fernando el Catolico Rey de Castilla, Juan de Jasso se refugio con su familia el la Baja Nabarra, donde moriría poco después, en 1516.  El castillo de Xabier pertenecía a los Aznarez de Sada, abuela materna de Francisco, cuya familia lo había recibido del rey Teobaldo I, nada menos que en 1236.

            Del matrimonio entre Juan de Jasso y María Azpilicueta nacieron cinco hijos, tres niños y dos niñas. La primogénita fue Magdalena a la que sus padres enviaron a la corte castellana para su educación, en una iniciativa mas diplomática que educativa. Su otra hermana se llamaba Anna, casada con el señor de Beire. Los tres hermanos fueron, por orden de nacimiento, Miguel, Juan, y Francisco. Tanto Miguel como Juan fueron destacados miembros de las tropas de los reyes de Nabarra Juan III de Albret  y
Catalina I de Foix, y  participaron en la defensa de independencia del Estado de Nabarra, sufrieron cárcel por ello, fueron condenados a muerte, y finalmente, su pena conmutada por Carlos V.

            Francisco nació en el castillo de Xabier en abril de 1506, cuando su madre María Azpilicueta, tenia 42 años, la cual pertenecía a una noble familia de la que formaba parte Martín Azpilicuela. Dicen que su padre estuvo presente en el parto. Su casa natal fue lugar de los encuentros de los partidarios de los Albret y sufrió la revancha de su perdida. Sus hermanos miembros del ejército de Juan III, fueron encarcelados por ello. Estas circunstancias pudieron ser la causa de la determinación de Francisco por la religión. Estudio con los curas en diferentes ciudades nabarras, ultimándolos en Pamplona, y tras la derrota Nabarra de 1524 en la que se vio implicada su familia, su madre decidió enviarlo a la Universidad de París. El castillo de la familia había sido desmochado por orden de Cardenal Cisneros en 1516.

            En el París universitario se inscribió con el calificativo de “cantabro”, un término en boga para designar a los vascos. Inicio sus estudios en filosofía, llamada entonces Maestria de Artes. Concluyo su carrera, tuvo fama de juerguista, frecuento la noche de Paris, y entre muchas anécdotas de esa época, se podría citar la de que uno de sus maestros en la universidad y compañero de correrías, falleció de sífilis, entonces y la falta de antibióticos, enfermedad mortal.

           
 
           En Paris conoció a Iñigo de Loiola. Era 1529 y la ocasión es digna de relato de una historia paralela. Ignacio o Iñigo, era hijo de un militar guipuzcoano. Incitado por la condición militar de la mayoría de sus hermanos, Iñigo se enrolo en las tropas del rey Fernando de Castilla, por medio de un amigo de su padre, Juan Velazquez de Cuellar. Cuando Velazquez murió en 1517, Iñigo con una fortuna considerable heredada de quien hasta entonces había sido su protector, encontró un nuevo espacio entre los seguidores de Antonio de Manrique, duque de Nájera. El duque, que entonces era virrey de Nabarra desde la invasión ilegal  y conquista castellana, envío a Iñigo a Guipuzkoa, para calmar algunas revueltas locales.

            Cuando en mayo de 1521, los nabarros al mando del señor Asparros intentaron recuperar Pamplona, Iñigo, junto a otros refuerzos, llego a la ciudad en defensa de la corona castellana. Pero pronto quedo descartado del combate porque una bala de cañón le dejo malherido en una pierna. A parir de ahí su vida militar y pendenciera dio un cambio brusco. Cuando se recupero de sus heridas hizo una peregrinación a Jerusalén con escalas en Monserrat, Roma, Venecia, Chipre, y Palestina. A su vuelta fue detenido por iluminado. A la salida de prisión marcho a Paris, donde estudio Filosofía y conoció a Xabier con quien creo, junto con otros cinco compañeros, en 1534, el grupo religioso conocido como la Compañía de Jesús. La Compañía fue fundada oficialmente con el apoyo del papa Pablo III en 1540. En poco tiempo, el grupo auspiciado por Iñigo y Francisco fue el ariete de la iglesia católica contra el protestantismo y el islamismo, convirtiéndose en el paladín de la contrarreforma católica.

            Francisco fue ordenado sacerdote en 1537 y partió cuatro años mas tarde en una expedición hacia las llamadas Indias Orientales. La partida tuvo lugar el mismo día que cumplía 35 años, en una expedición comandada por el purtugues Martín Affonso de Sousa, virrey de las Indias Orientales. Fue un viaje penoso en el que el nabarro atendió a moribundos y enfermos, en el que el mismo enfermo y apunto estuvo de perder la vida sin convertirse en el primer misionero jesuita en Asia, tarea encomendada por la orden.

            Después de más de un año de navegación, se estableció en Goa, (India). Fue el prototipo de misionero, según su propia descripción: “Aquí en Goa pose en el hospital. Confesaba y comulgaba los enfermos que aquí estaban; eran tantos que venían a confesarse, que, si estuviera en diez partes partido, en todas ellas tuviera que confesar. Después de cumplir con los enfermos, confesaba por la mañana a los sanos que me venían a buscar, y después de medio día iba a la cárcel a confesar a los presos. Después de haber confesado a los presos tome una ermita de nuestra Señora que estaba cerca del Hospital, y ahí comencé a enseñar a los muchachos las oraciones, el Credo y los mandamientos: pasaban muchas veces de trescientos los que venían a la doctrina cristiana”

            Dentro de su tarea misionera, en octubre de 1545, Francisco alcanzo, tras un mes de navegación, la población de Malaya. Tres meses más tarde partía hacia la isla de Amboino (Molucas), el últimos territorio Portugués. Según propia narración de Francisco, en esos parajes se encontró con gentes salvajes que se comían los unos a los otros. En julio de 1547 volvía a Malaca y poco después a Goa (marzo 1548), donde recibió a nuevos misioneros jesuitas.

          
            Algunos de sus biógrafos señalan que Francisco  tuvo problemas con los nuevos misioneros llegados a la India; otros, que discrepaba de las ordenes de sus superiores; otros, en cambio, que su espíritu inquieto le impedía seguir una vida sedentaria. Lo cierto es que al poco de su regreso a Goa, volvió a proyectar un largo viaje hacia el este en pequeñas marchas que le deberían llegar hasta Japón. Intento establecer pequeñas comunidades cristianas, pero fracaso en la mayoría de sus intentos. Alcanzo sin embargo Miyako, la capital de Japón, pero la corte nipona rechazo su religión y su Dios.
           
            Retorno a Goa y comenzó a preparar un viaje a China, vasto imperio del que oyó hablar en Japón. El 17 de abril de 1552, junto a otro misionero y a un intérprete, abandona el puerto indio. En septiembre del mismo año alcanzaba la isla de Sancian. A la espera de trasladarse a China, unas fiebres traicioneras terminaron con su vida, a los 46 años, el 3 de diciembre de 1552. Dicen sus historiadores que antes de morir deliraba en una extraña lengua. La  Lingua Navarrorun. Su cuerpo es conducido a Goa, donde llega en la primavera de 1534, siendo enterrado en esa ciudad. Nabarra proclamo a Xabier su patrón en 1621, un año antes de ser canonizado. En 1622 fue canonizado por el Papa Gregorio XV. Se le nombra en 1748, patrono de todas las tierras al este del cabo de Buena Esperanza. En 1904 es nombrado patrono de la Obra de la Propagación de la Fe. En 1927, el papa Pío XI lo eligió como patrono universal de las misiones.


Enlaces externos:

Wikipedia
Enciclopedia Auñamendi
Vasconia hechos episodios y sucedidos
Biografia de San Francisco Javier en Santoral Catolico
                                     

lunes, 12 de diciembre de 2011

Los mapas de la nación


Los mapas de la nación
Tomás Urzainqui Mina, jurista e historiador nabarro

Los mapas de la nación propia son dignos del debido respeto y cobran si cabe más influencia en una cultura de la imagen. Navarra por su larga historia política goza de una rica y variada representación cartográfica desarrollada durante más de mil años. Sin embargo, la buscada indefinición sobre todo lo que se refiere a la realidad colectiva tiene su origen en el proceso continuado de conquistas y subordinación que padece la sociedad navarra. Las manifestaciones de ello, son, tanto la ocultación a la ciudadanía de los reconocimientos internacionales de la existencia de la Nabarra Osoa, como la derivada práctica negacionista inducida en el seno de la sociedad navarra dominada.

La cartografía histórica refleja fundamentalmente la plasmación gráfica de las demarcaciones políticas nacionales y estatales. Según cual sea la nacionalidad del autor del mapa, en muchas ocasiones no suele tener el mismo resultado. Quien a menudo manipulará la realidad y tenderá a extender al máximo a su propia nación en detrimento de las vecinas. De ahí la importancia de estos mapas, que aunque realizados por terceros, se veían obligados aún con limitaciones a reflejar la realidad territorial de cada momento, de los que nos han dejado un valioso testimonio. Así los mapas de Europa en las distintas épocas históricas confeccionados con fines didácticos en las universidades inglesas, italianas, portuguesas, alemanas, españolas o francesas son de cierta fiabilidad sobre la existencia política de la nación navarra. Los mapas geográficos, étnicos, lingüísticos y culturales se reducen a los dos últimos siglos, mientras que los mapas de intencionalidad política, militar y comercial se remontan a más de dos mil años.

El mapamundi de Saint Sever recoge el espacio político de Wasconia, gobernado por el rey Sancho III el Mayor, en el conjunto de las naciones europeas vecinas. Entre, de un lado la muga del Garona y del otro la muga con los Astures. Es el territorio que los reyes de Navarra quisieron defender y recuperar tras las invasiones. Los reyes de Pamplona, o de Navarra, son sucesores de los duques de Vasconia. La centralidad, legitimidad y territorialidad de los vascones estaba y está en torno a la ciudad de Pamplona-Iruña. Fueron una continuidad, tanto en las gentes, como en el territorio y en su gobierno. La elevación del ducado vascón a reino de Pamplona-Navarra supuso la consolidación y homologación internacional del Estado soberano de los vascos.

No es una mera cuestión de nombres (Vasconia, Wasconia, Gasconia, Navarra, País Vasco, Euskal Herria) sino que se trata de diferentes contenidos. Cada uno de esos nombres hace referencia a diversos significados. Así, resumiendo, la evolución política de Vasconia o Wasconia a Navarra se produjo de forma lenta y no traumática. Tanto es así que en las fuentes documentales del siglo XI todavía se seguía llamando Vasconia y vascones, compartiendo el nombre con pamploneses, Navarra y navarros. Antes de que España y Francia culminaran sus conquistas y ocupaciones del Reino de Navarra, en 1512 y 1620, la existencia de mapas y representaciones cartográficas tanto de Vasconia como del Reino de Pamplona y de Navarra es numerosa, así su reflejo en los antiguos mapamundis de época romana y tardo antigua, a los que hay que añadir los portulanos con finalidad de ayudar al tráfico marítimo y mercantil donde figura el Reino de Navarra por poseer puertos de mar. A lo largo del siglo XVI todavía se recoge en la cartografía la unidad política de la Navarra plena, reflejando como unidad los Estados pirenáicos del Reino de Navarra. También es imprescindible tener en cuenta la numerosa cartografía política de la historiografía europea donde figura siempre el Reino de Navarra entre el resto de los Reinos europeos.

Es una manipulación sustituir lo que dicen los títulos de los mapas originales, políticos, o militares, de los siglos XVI al XIX inclusive. Así los nombres que figuran en los mapas originales, con muy grandes letras mayúsculas, indicando REINO DE NAVARRA, ROYAUME DE LA NAVARRE, NAVARRA, NAVARRE, reflejando a menudo al conjunto del territorio nacional de la Nabarra Osoa, y en algunos de ellos señalando con letras más pequeñas los nombres de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa o de "provincias vascongadas", dejando constancia de que, de alguna manera, son dependencias del Reino o Estado europeo de Navarra. Todos esos mapas constatan la situación política de la época en que se confeccionaron, pues ya se habían desgajado violentamente, tras las conquistas, partes del territorio nacional navarro.

De la Comunidad se evolucionó hasta la Sociedad con Estado, pero como consecuencia de las conquistas se minorizó la Sociedad conquistada que sufrió un proceso de primitivización y regresión hacia la Comunidad. De ahí que la independencia implica la recuperación de la Sociedad soberana y de su Estado. Lo contrario sería quedarse en el parámetro de la Comunidad cuando este es un estadio anterior al del Estado y la Nación. Euskal Herria tiene un significado, comúnmente aceptado por la filología, como el país del euskara. Suplantar u oponer, en clara impostura, dichas representaciones de la realidad política por la denominación lingüística y comunitaria (Euskal Herria), resulta una conducta inadmisible. Es muy doloroso para los ciudadanos de este país y contraproducente para la defensa de los derechos de esta sociedad que se esté confundiendo voluntariamente la larga y asentada realidad política de los vascos que es Navarra, ocultándola y falsificándola.

Es justo que las conquistas -absoluta y radicalmente contrarias a todos los Derechos y a la legalidad internacional y por lo tanto radicalmente nulas- no tengan ni el más mínimo reconocimiento en los mapas y cartografías. A lo sumo habría que constatar en los mapas que se confeccionen las sucesivas fechas en que comenzó la ocupación y la partición de las distintas porciones del territorio nacional y estatal navarro. La publicación de libros, como “La Navarra marítima” y “Navarra sin fronteras impuestas” o la “Vasconia” de Krutwig, que facilitaron la comprensión de la unidad política y nacional de La Nabarra Osoa, no terminó de agradar a algunos que no se atrevieron a manifestar públicamente su actitud negativa, sino que prefirieron la labor de zapa en la que continúan.

Una cosa es confeccionar ahora un mapa del país del euskera, o Euskal Herria, y otra muy diferente recoger los mapas del siglo IX al XIX y no señalar suficientemente que se hicieron para reflejar la realidad política de cada momento histórico con el Reino de Navarra y a partir del siglo XVI con las dependencias vascongadas como provincias, o nombrándolas con menor relieve que a Navarra, por ser esta la denominación del Reino o Estado por antonomasia. Lo inadmisible, por afectar a la verdad histórica y política de los vascos es minimizar, aún llevados por un mal entendido patriotismo, la realidad del Estado navarro reconocida y reflejada internacionalmente.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Cesar Borgia, en el Reino de Nabarra


En septiembre de 1491 falleció en Roma Alfonso Carrilo, obispo de Pamplona. Antes de que los reyes de Nabarra Juan de Albret, y Catalina de Foix pudieran imponer su sucesor. El 12 de septiembre el papa Inocencio VIII nombro como obispo para Pamplona en la figura y a los dieciséis años de edad a Cesar Borgia, nacido el 13 de septiembre de 1475, hijo natural del cardenal y futuro papa de Roma, Rodrigo de Borgia (Alejandro VI) y de Rosa Vanozza. Cesar no sabia que en el Reino de Nabarra, pasaría los últimos años de su vida.

            La repulsa de los reyes de Nabarra Juan de Albret, y Catalina de Foix, fue inmediata, “la apelación que ha sido interpuesta en nombre de sus altezas a causa del agravio que les ha sido hecho en la provisión del obispado de Pamplona”1. El cargo había sido otorgado sin previo consentimiento de Juan y Catalina y, evidentemente, sin su consentimiento. De esta manera, Inocencio VIII desestimaba de antemano cualquier posible derecho de los reyes a nombrar el cargo del obispado a su voluntad.

            No obstante, la Casa Albret-Nabarra-Bearne-Foix no se resigno, y deseo fortalecer su poder en sus territorios, también mediante el control de la iglesia. De esta manera los reyes notificaron a inicios de noviembre a los principales representantes de la iglesia, que ninguno de sus súbditos, ni seculares, ni eclesiásticos, reconociesen al nuevo obispo y les ordenaban desobedecer toda orden realizada por los oficiales de Cesar Borgia. 2

            Poco tiempo pasó hasta que el Rey católico se intereso por el tema que enfrentaba a los Albret con el papado. A mediados de 1492 trato de hacer cambiar de opinión a los reyes nabarros a quienes había escrito sin tener éxito. Por otra parte escribió a finales de septiembre, a Martín de Alegría para que aceptaran a Cesar Bogia y además se comprometía a suplicar al papa, para que reconociese en adelante la facultad de los Reyes de Nabarra para “proveer de las dignidades de su reino a voluntad y dominación de ellos” a cambio de Cesar Borgia como obispo. Una vez más en febrero 1493 reitero a los reyes la misma proposición, pero esta vez por medio de Gracian de Agramont.

            Los soberanos Albret aceptaron finalmente la propuesta, ya que los delegados del nuevo obispo administraban con normalidad las diócesis desde el mes de febrero. También su aceptación vino precedida por el reconocimiento y el derecho que tendrían en delante de proveer las dignidades de Nabarra a su voluntad en especial al nombramiento de obispo de Pamplona. 3
Poco tiempo después, Juan y Catalina sufrieron un serio revés, al nombrar el papa, a un nuevo obispo de Pamplona, y otra vez al margen de los reyes.

            En abril de 1493 Cesar Borgia deja el obispado, que no conocía personalmente, por el arzobispado de Valencia. Una vez mas el incumplimiento del acuerdo alcanzado un año atrás, lo continúa el papa de Roma Alejandro VI, nombrando a su antojo a Antonio de Pallavicini como nuevo obispo de Pamplona. En junio de 1494 los reyes catolicos Fernando e Isabel instaron a aceptar a Pallavicini como obispo de Pamplona. Además instaron a sus “sobrinos”, que si aceptaban sus recomendaciones a aceptar los futuros nombramientos que realizasen los reyes de Nabarra, para ocupar el cargo de obispo. A Juan III y Catalina I les parecía una bula, o insulto, ya que exponían las mismas respuestas dadas cuando fue elegido Cesar Borgia en 1491. El enfado de Juan de Albret era comprensible y mas, habiendo solicitado a Fernando e Isabel que “no diesen curso a provisión alguna en la parte de la diócesis de Pamplona sita en los reinos de Castilla y Aragón, hasta que la provisión la hicieran a nominación de los soberanos nabarros” 4 el rey católico ordenase a las autoridades de Aragón que “permitiesen al procurador del cardenal Pallavicini presentar bulas de su nombramiento y las obedeciesen en todo”. El conflicto persistiría en el año 1494, convirtiéndose en uno de los temas de mayor presencia en las relaciones políticas entre los soberanos de Castilla-Aragón y Nabarra. A comienzos de 1495 las relaciones entre los reyes y Pallavicini mejoraron.

            Por otro la lado, el rey de Francia, Luis XII pide al papa Alejandro VI la concesión de la anulidad matrimonial con Juana de Valois, y como requisito, el papa exigiría una princesa de sangre real para casarla con Cesar Borgia. Los reyes de Nabarra propusieron a Carlota hermana del rey Juan de Albret, por lo que les proporcionarían mantener la tranquilidad política al norte de los territorios heredados por Catalina, sino también, un acercamiento al papado, para  que pudieran solucionar los conflictos a la hora de designar el obispado de Pamplona por el papa, pero no aceptado por los soberanos reyes de Nabarra. Pero no nos engañemos, el papa no estaba dispuesto a ceder ante las pretensiones del rey Juan III, lo que se tradujo en la inexistencia de privilegios para el soberano, aun una vez realizado dicho enclave matrimonial. Asi pues, el interesado apoyo brindado a Luis XII, quedo reflejado en el contrato matrimonial redactado en Blois el 10 de mayo de 1499, que unía a los veinticuatro años a Cesar Borgia con Carlota de Albret,(que según dicen, era muy bella) hermana del rey de Nabarra y sobrina de Luis XII de Francia, la cual no sufrió en exceso la presencia de Cesar, ya que poco después de su matrimonio y tras quedarse embarazada, Cesar partió a finales de julio a Lyon y posteriormente  hacia tierras italianas, sin regresar siquiera, para conocer a su hija Luisa.

            En 1504 se escapa de la prisión del castillo de la mota, medina del campo (Valladolid), y fingiendo, junto con dos hombres mas, que son mercaderes, que van de feria en feria, llegando por la Nabarra occidental, hasta Pamplona, el 3 de diciembre.

            Cesar Borgia una vez libre, y al lado de su cuñao Juan de Albret, procuro solucionar sus embrollados asuntos. A Luis XII de Francia le reclamo el pago de la dota de su mujer Carlota de Albret, asi como las rentas que le correspondía por el Ducado de Valence. Dicha reclamación resultaría inútil. Para que pagase Francia, tenía que seguir la política de Fernando el católico, aliado a su vez con Luis XII. Cesar Borgia rompió las relaciones con Luis XII, y acepto el mando (capitán general) de las tropas de los Reyes de Nabarra. Opuso una gran hostilidad con los Reinos de Castilla y Francia, pero antes quiso solucionar un conflicto que había entre Juan de Albret, y Luis de Beaumont (Conde de Lerin) y subdito rebelde el cual defendia a Fernado el católico. El primero de sus objetivos militares es la conquista de la plaza beaumontesa de Larraga y, ante un fracasado intento, llega la Muy Noble y muy Leal Ciudad de Biana (titulo otorgado por Sancho VII el Fuerte 1219) y en posesión del Conde de Lerin, Luis de Beaumont. En marzo Borgia, decide conquistar la ciudad, y lo consigue aunque no su castillo. Dada su experiencia como militar, decide sitiar el castillo manteniendo un cerco a su alrededor, y así rendirlos de hambre.

            La noche del 11 de marzo de 1507 se desata una gran tormenta, y por un despiste de las tropas de Cesar, entran unos jinetes comandados por el conde de Lerin y consiguen introducir víveres en el castillo para abastecer a sus defensores durante un mes más. Esto provoco el cólera en Cesar Borgia, el cual se armo rápidamente, no acabando de colocarse bien las piezas de su armadura, monto en su caballo, y salio tan rápido en dirección a Mendavia, que no se dio cuenta que había dejado a su guardia atrás. Llego al término llamada “La Barranca Salada” y sufrió una emboscada por tres hombres del Conde de Lerin, que sintieron estos aumentar su osadía a la vista de las ricas armas del caballero, los cuales lo lancearon lo hiriendo en un costado y lo remataron en el suelo. Se apoderan de sus ropas y sus bienes sin saber muy bien quien es dicho caballero, hasta que llega el paje de Cesar, Juanicot Grasica, el cual cae abrazado ente los despojos de su señor Don Cesar Borgia, duque del Valentinado y de las Romanas. El conde de Lerin le permite a Juanicot trasladar el cadáver a Biana para ser enterrado.

            Juan de Albret y Catalina de Foix mandan labrar un monumento sepulcral de alabastro en la capilla mayor de la iglesia Santa María de Biana, para enterrar los restos de Cesar Borgia, el príncipe biondo e bello. Sobre el sarcófago, un pomposo epitafio que empezaba del siguiente modo:
“ Aquí yace en poca tierra/ el que toda le temía/ el que la paz y la guerra/ en mano la tenia./ ¡Oh tu, que vas a buscar/ dignas cosas de loar!/ si tu loas lo mas digno/ aquí pare tu camino,/ no cures de mas andar”

            Los reyes de Nabarra lograron en el transcurso del año 1494 y a comienzos del 1495 obtener un gran control político en el reino a pesar de que diversas plazas nabarras quedaran bajo el poder de Castilla. Es mas, resulta importante afirmar la desaparición de poder que había poseído Luis de Beaumont hasta aquellos momentos, ya que sus principales aliados habían sido desterrados . Otro dato importante el abandono del sector beamontes al Luis de Beaumont, conde de Lerin, apoyando a los reyes Juan III y Catalina I. Al iniciarse el año 1495, los reyes habían puesto unas bases muy firmes para obtener el pleno control interno de Nabarra. A finales de 1506 la prepotencia volvio a llevar a Luis de Beaumont a iniciar un nuevo brote de violencia en Nabarra.

Notas:
1-     Olite 5 de noviembre de 1491. Comptos documentos caj. 165 num.49
2-     “ Los reyes quieren e mandan que todos los súbditos suyos hagan de adherir assi los eclesiásticos como los seculares y fazer los actos que acerca d’ello fueren necesarios porque no entienden dar lugar al que se dice proceido por obispo ni que los dichos súbditos obedezcan a sus officiales, letras, ni mandamientos”
3-     Según se cita a los reyes de Nabarra fechada en moncin, el 26 de septiembre de 1492. Papeles de Gayangos.
4-     J.J.Goñi Gaztambide: Historia de los obispos de Pamplona vol. II,652
Bibliografia:
            Juan de Albret y Catalina de Foix o la defensa del Estado Navarro (1483-1517)
Enlaces externos:
            Wikipedia
            Varios

Nabar Gorri.